Como cada primer día del año, se reiteró la celebración de los 51 años de la revolución.
Como cada año, es tiempo de balances y de juzgar desde una mirada propia, individual e intransferible, que ha significado este hecho histórico, su valor presente, sus logros y fracasos.
Es inevitable caer en la cuenta de lo que pasó, y tomar en cada evaluación las vivencias propias. Los que viven en Cuba tienen su propia lectura, los que hace años que no pueden volver y viven fuera de ella, tienen su propia visión de los hechos.
Los que sólo vieron la Cuba actual tendrán su interpretación de lo sucedido y los que vivieron el pasado y aun lo recuerdan, seguramente otra perspectiva.
En definitiva, la fecha no habrá pasado en vano, y los obligados balances a los que se exponen estas fechas serán el nuevo testigo de que se ha cumplido otro aniversario y que la evolución de los cubanos, de los latinos, del mundo entre tendrá su propia y formada opinión, acertada o no, de lo que hemos transcurrido y de lo mucho por aun recorrer.
Algunos lo festejarán, otros lo sufrirán con cierto dolor, otros con nostalgia en positivo, y otros con melancolía. Las sensaciones son tan distintas como las vivencias que implican cada aniversario.
No habrá pasado en vano la fecha, en la medida que cada cubano, que cada nacido en Cuba, que cada habitante del mundo que vea en Cuba un sueño, pueda seguir pensando lo que mas le venga en gana sobre esto. De eso se trata. De poder pensarlo, soñarlo, celebrarlo o condenarlo.



Procesando... 


















Lunes, 22 de Febrero de 2010 a las 8:23 am
Hay un viejo refrán que dice, cuando estás jodido te agarrás a un clavo ardiendo -nos sucedió a los cubanos y ahora la historia se repite en latinoamérica con venezolanos, ecuatorianos y nicaraguenses, vemos con asombro las expropiaciones de Chavez o los cierres de radioemisoras, y en nuestros subconcientes comienzan a revivir tiempos que ya parecían enterrados en el continente, lo peor no son esas propiedades sino los derechos que se pisotean con cada arbitrariedad, 51 años son demasiados como para no entender lo que está sucediendo en algunos de estos países, la centralización del poder siempre con el supuesto consentimiento de la mayoría -amañada por la ignorancia -, trae consigo unas ataduras que tiempo después son muy difíciles de deshacer, cuando generaciones nacen en cautividad no llegan nunca a entender el significado de libertad, se quedan paralizadas y estupefactas ante los retos que plantean las reglas comunes del juego de la libertad, tienden a confundirla con el libertinaje y ese puede llegar a ser el gran reto de dictaduras centralistas tan longevas, se cierne cierto odio y apatía en las últimas generaciones donde su autoestima deriva en que no hay solución posible y llega el fantasma de que la única posibilidad es la de emigrar.
Miércoles, 13 de Enero de 2010 a las 10:46 am
Por supuesto que no habrá pasado en vano la fecha. Medio siglo de una experiencia inusitada, impredecible cuyas repercusiones quedarán imborrables para el resto de la nuestra existencia. Igualmente celebro esta opinión objetiva y al margen del compendio de exhalaciones y clamores acalorados que acostumbramos acompañar al tema. Cosa que se explica, aunque no debe limitarnos. Todo lo contrario considero muy oportuna la percepción objetiva del editor. Hay que ser realista y comprender que los de fuera no ven las cosas a través del mismo foco de los internos. Ni aun coincidiendo en ideología. No mencionemos los antagonistas. Ahora bien, como cubano del exterior debo consignar mi impresión. Cuando en 1959 me convencí que no solo habíamos perdido la libertad; sino que el nuevo gobierno era una factura verdaderamente totalitaria y desconocida en América, de inmediato comencé hasta hoy a amar y apreciar más que nunca la libertad de que se disfruta en este mundo gris con luces y sombras. Gris con luces y sombras, muy cierto; pero libre. Estas consideraciones, por ejemplo, no las podría insertar en medio alguno regular en la Cuba que dejé en 1967..